Te relacionas con tus parejas o seres queridos de la misma manera en la que te relacionaste con tus figuras de cuidado (padres o cuidadores). Tus emociones y tu cerebro se adaptaron al vínculo que formaste en tus primeros años de vida.
Harry Harlow lo demostró en un estudio de laboratorio en el que torturó a unos macacos (no lo leas si no soportas el sufrimiento animal). Para ello, se basó en la definición de los estilos de apego que, años antes, había establecido John Bowlby.
El estilo de apego es el vínculo afectivo que genera un niño con sus figuras de cuidado.
A continuación, te defino cada uno de ellos.
Apego seguro
Se establece cuando los padres cuidan sin ser sobreprotectores, invasivos, descuidados o violentos. Dan cariño a la criatura y respetan sus necesidades a todo nivel. Favorecen que sea autónomo y tome sus propias decisiones.
Los adultos con apego seguro se sienten cómodos en las relaciones, saben compartir intimidad, se alejan de relaciones abusivas, reconocen sus emociones y piden ayuda cuando la necesitan.
Por lo tanto, sus relaciones son saludables.
Apego inseguro-evitativo (o evitativo)
Se forma cuando la madre o el cuidador no hace caso de las necesidades de la criatura, porque las considera excesivas o superfluas. Habitualmente, no da afecto con caricias o abrazos al bebé. Cuando el niño crece, le educa con disciplina.
Estas personas se convierten en adultos huidizos en las relaciones. No comparten intimidad con sus parejas. Sus emociones son un estorbo para ellos.
Son una pareja perfecta con los del apego inseguro ansioso-ambivalente. Una pareja perfecta para quererse mal.
Apego inseguro ansioso-ambivalente (o ansioso)
El cuidador de estos niños es imprevisible, ya que actúa según como se siente. Es probable que tenga problemas emocionales y, en base a sus dificultades, se relacione con el niño. Si está bien, es atento y amoroso. Si hay desánimo, rechazará y evitará el contacto.
Esta ambivalencia causa mucha inseguridad en la criatura, porque no entiende los cambios.
Este vínculo crea adultos inseguros en sus relaciones, que sienten ansiedad ante las separaciones. Es posible que sean celosos o suspicaces. Son dependientes y pueden llegar a ser agobiantes para sus parejas.
Cuando forma una relación con un inseguro-evitativo, tiene todas las papeletas para ser desdichado en la relación.
Apego desorganizado (o temeroso)
En este caso, el padre o la madre es insensible o violento. La figura cuidadora es maltratadora, por lo que la criatura crece con un gran trauma. Esto hace que los niños crezcan con mucho dolor y ansiedad. A menudo, recurren al bloqueo emocional como una estrategia de supervivencia.
De adultos, tienen grandes dificultades para reconocer sus emociones, sienten bloqueos y confunden sus sentimientos.
Para ellos, las relaciones son una amenaza, así que las evitarán o tendrán muchas rupturas. Son personas inestables emocionalmente, con dificultades para respetar los derechos y límites del otro/a.
Cuando estableces vínculos, el baile entre vuestros estilos de apego definirá si vuestra relación puede convertirse en algo estable y equilibrado, o si entraréis en una montaña rusa llena de angustia.
La buena noticia es que hay una manera de convertir tu estilo de apego (sea cual sea) en un apego seguro. Si quieres descubrir cuál es, apúntate a la clase Cómo crear relaciones basadas en el amor y la confianza.
Ahora te toca a ti, ¿te sientes reconocida en alguno de estos estilos de apego? Te leo en los comentarios.


